Esa mañana se levantó mañosamente de la cama, con dos recuerdos pegados a las pestañas. Hace varias semanas que no le sucedía eso. Al menos no esa clase de recuerdos, tan viejos y brillantes. No era que añorara lo que fue, todo lo contrario. Sin embargo, a veces soñaba su vida como si se tratara de una película vieja, con tonos pastel y música pasada de moda. Cuando eso sucedía, algunas imágenes se le quedaban pegadas en la retina, y recién venían a desaparecer con la primera taza de café o con la primera lavada de cara. Hoy tenía dos momentos x en un lugar x, que eran como dos close up.
Uno de ellos era a una sonrisa amplia y generosa, acompañada de unos ojos castaños que brillaban acompasados con la sonrisa, y una tarde soleada y verde por la luz que atravesaba los árboles en algún parque no identificado. El otro, era la vista de una persona sentada en un sillón, pero vista desde atrás y desde arriba, como por alguien que estaba mirándola sentada en una ventana que se encontraba tras el sillón. El pelo castaño claro que brillaba, y la sensación de un arranque tímido por acariciarlo. Sabía perfectamente de quién se trataba. Cómo no, si lo había amado y añorado tanto tiempo. Ya habían pasado ya muchos años de eso, y ciertamente él ya no existía en su vida más que en la forma de esos recuerdos arremolinados que se deshacían en el café matutino y una rápida lavada de cara. ¿Qué será de él? Hace años que no tenía noticias. Tampoco las había buscado, pues como dije, él ya no era más que esos recuerdos matutinos que son como los últimos atisbos de un sueño que pronto se olvidará con el correr del día.
A ella le gustaba teorizar sobre su propia vida en la ducha, mientras se refregaba con fuerza el cuerpo. Se podía quedar un largo tiempo así, bajo el chorro de agua, pensando, analizando su vida, proyectando sus pasos. Ella era una persona muy racional. Le gustaba pensar que aplicaba el método analítico a sus problemas, los descomponía en sus partes, para encontrar una solución. Aunque en realidad lo que hacía era algo así como cuando un niño regodeón comienza a revisar con el tenedor la comida que tiene ante sí. Y finalmente la desarma entera y no se la come, ni él ni nadie. Esa mañana, mientras filosofaba respecto a su vida, se dio cuenta de que había algo distinto. Los recuerdos matutinos no habían desaparecido con el café. Seguía pensando en ellos. ¿Pero por qué?
Cuando este tipo de cosas le sucedían, ella lo tomaba como intuiciones, como señales que le daban a conocer algo que estaba sucediendo con ella o que estaría por sucederle. ¿Le habrá pasado algo a...? ¿Quizá murió? Nunca se sabe, los accidentes pasan... No, cuando eso sucede, dicen los libros sobre sueños, uno sueña con que se le caen los dientes. Quizá se trata de algún dilema no resuelto entre ellos dos, que por alguna razón su inconsciente lanzó a flote porque es hora de resolverlo - se dijo mientras se secaba minuciosamente el espacio entre los dedos de los pies. Debía averiguarlo, para ello debía tratar de verlo, contactarlo o algo por el estilo. Probablemente al verlo, todo quedaría claro enseguida.
Ensimismada en sus cavilaciones, a partir de un recuerdo matutino que seguía pegado en su retina, a pesar del café matutino, la lavada vigorosa de cara, y las largas teorizaciones de ducha... cosa muy rara para ella... montó su bici al trabajo, salió de su barrio, cruzó sin ver al verdulero de la esquina que siempre la piropeaba, no se dio cuenta de que casi atropella a una niña de tres años que se había escapado de las manos de su madre hacia la ciclovía, y se olvidó de darle de comer al gato de la vecina que se encontraba de viaje. Tampoco se dio cuenta, de que al entrar a su trabajo se cruzó con un sujeto de cabello castaño y brillante, y una sonrisa amplia y generosa, que la quedó mirando con unos ojos brillantes, que si ella no hubiera estado tan preocupada en teorizar sobre lo que esos recuerdos mañaneros le querían decir, le habrían parecido muy familiares. De hecho, lo habría reconocido como el sujeto de sus recuerdos mañaneros, lo habría saludado y habría quizá - si es que esos recuerdos mañaneros tenían si quiera algún mensaje oculto de su inconsciente - resuelto el misterio, que tantos olvidos y distracciones le había causado esa mañana.
Pero no lo vio, y él suspiró decepcionado, y siguió su camino. Mientras ella llegaba a su oficina, habría el buscador, su libreta de contactos, su correo electrónico, y se daba cuenta de que no tenía como ubicarlo... al menos no fácilmente y sin tener que dar tantas explicaciones, sin tener que retomar viejas amistades abandonadas, y adoptar el cinismo de la cortesía... uff hasta ahí llegó su entusiasmo detectivesco, y llegó a la conclusión de que cambiaría de marca de café... ya no lo estaban haciendo como antes...





































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